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Moluscos y cía

Truco para eliminar la arena de las almejas

Las almejas se pueden hacer de tantas maneras, que no repetidas plato en meses: al horno, a la plancha, al vapor o fritas. Con arroz, en paella, en salsas, con pasta, con alubias, incluso en un estofado de ternera, o solas. Son muy nutritivas, tienen muy pocas calorías y se hacen en un periquete. Cualquiera puede hacer unas almejas en 10 minutos con un poco de vino blanco, un poco de perejil y unos dientes de ajo.

Generalmente las almejas que compramos en malla en la pescadería vienen muy limpias. Las lavan varias veces por nosotros, para que no tengamos que hacer mucho trabajo. Pero la cosa cambia cuando las almejas son salvajes o frescas.

Truco para eliminar la arena de las almejas

Pero si hay un problema con las almejas, es la arena que pueden soltar. Es una sensación horrible masticar arena, con ese crujido estridente que arruina el plato.

Después de pasar toda su vida en el lecho marino y alimentarse de él, la arena está asegurada. Por suerte, hay un truco para poder eliminar toda la arena de las almejas, y no es muy complicado.

Nada más llegar a casa, tienes que poner las almejas en un recipiente con agua fría ¿Fácil eh? Añade un poco de harina de maíz (Maizena) o de pimienta negra, y en unos minutos habrán expulsado toda la arena que tienen en su interior. Unos 30-60 minutos será suficiente para llevarlo a cabo.

Después de ese tiempo, lava individualmente cada almeja para eliminar cualquier resto de producto, y desecha cualquier almeja que tenga la concha abierta, o que al golpearla suavemente no se cierre. También elimina las que tengan las conchas partidas o con grietas.

Escurre las almejas en un colador y ya puedes cocinarlas como quieras. Este truco vale para cualquier tipo de almeja. Ya sabéis que hay varios tipos de almejas, y que no todas tienen el mismo sabor. Unas son más recomendables para unos platos y otras para otros.

Por ejemplo, para hacer unas almejas a la marinera, lo mejor es utilizar la rubia o la fina. Lo importante es que sean muy frescas, (cuanto menos tiempo haya pasado desde que las sacaron del agua, mucho mejor), y que sean de calidad (o lo que es lo mismo, que en cada cáscara haya carne).

Lo mejor es comprarlas en una lonja, pues te aseguras que son frescas. Y si quieres guardarlas en la nevera, que sea con un trapo húmedo encima, para que conserven la humedad.